ALBERTO BOARDMAN
El día que Nils Vik murió
“La cara de uno cambia cuando duerme. La cara puede rejuvenecer, la cara puede envejecer, depende si se sueña hacia adelante o hacia atrás en el tiempo.” Frode Grytten.
¿De qué trata la vida? Seguramente, cada cual tendrá una válida opinión dependiendo de su perspectiva. A este predicamento existencial, Frode Grytten, excepcional orfebre del lenguaje literario noruego, ofrece una posible y bien argumentada respuesta a través de su más reciente novela: “El día que Nils Vik murió”, editorial Anagrama 2025.
La historia comienza cuando un anciano Nils Vik, quien se dedicó a transportar pasajeros de uno a otro lado del fiordo, se despierta una mañana, arrastra hacia fuera de su casa el colchón donde recién ha dormido y le prende fuego. Emprende así un último viaje a bordo de su barco. Durante las siguientes 186 páginas Nils irá desempolvando recuerdos con viejos amigos; pasajeros frecuentes con quienes tuvo alguna historia particular; su esposa Marta, sus dos hijas, su hermano, su mascota Luna y un sinfín de memorias que entrelazadas van tejiendo cuya mano de Moira, el sentido de su destino.
¿De qué trata entonces la vida? ¿De aquello que dejamos, o de lo que otros nos van dejando? Con magistral destreza poética, que lo confirma como uno de los escritores más destacados del panorama nórdico actual, Grytten construye un puente entre la memoria y el tránsito; un espejo para apreciar cada instante recorrido y entender que la grandeza de la vida no habita solamente en los grandes momentos, sino también, en la nobleza con la que se pueblan los días ordinarios. Una sutil, pero efectiva bofetada de realidad, que demuestra cómo cada momento pasado, más que un peso muerto, constituye el tejido que sostiene el presente vivo hasta el último respiro.
Grytten logra a la perfección, más allá de un sólido argumento literario, generar una poderosa reacción en el lector: Una mirada introspectiva que compara las experiencias del protagonista con las propias. Si la vida es entonces más trayecto que destino, el trayecto lo escribimos diariamente, y hay que ser conscientes de ello, pues cómo bien apunta Frode: “No es posible controlar un relato una vez que ha comenzado. Solo hay que seguirlo hasta el último momento”.
En tiempos de monopolio digital y tecnológico, leer un libro, es hacer revolución. Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.








