lunes 14, septiembre, 2026

El maestro Arturo Ripstein se retira de filmar, y eso duele

Plática con Julieta Egurrola sobre la extraordinaria película “Principio y Fin”, de Arturo Ripstein.

Raúl Adalid Sainz

Hablamos telefónico. Yo pensaba platicar con Julieta sobre si el cine actual ya no lograba convertir a sus películas en clásicos, en referentes cinematográficos. La conversación derivó en la cinta “Principio y Fin”. Película donde Julieta alcanzó una gran interpretación de “Ignacia”, la madre viuda de la familia Botero.

Raúl Adalid: ¿A golpe rápido de recuerdo que te viene a la mente con esa película?

Julieta Egurrola: Trabajaba con Ripstein en una telenovela que él dirigía. Me dijo que quería que fuera la madre de su nueva película llamada: “Principio y Fin”. Sería yo la madre de Alberto Estrella, Bruno Bichir, Ernesto Laguardia y Lucía Muñoz. Yo le dije sorprendida: “¿¡La madre de ellos!?”, Ripstein me contestó: “¿Te molesta ser la madre?”, “No, claro que no”, le dije. Es que todavía no cumplía ni los cuarenta años, me decía en el recuerdo.

Ese no fue un problema, le decía yo a Julieta que cuando un actor está metido en la situación que corresponde, su pensamiento, el poder de su mente hace que se logre lo que uno no imagina. Su actitud, su dolor, su preocupación, la luz claro oscura, hicieron que ella se viera de más edad. Uno como espectador decía: fue madre muy chica, de unos dieciséis.

Julieta recordaba la novela homónima de “Principio y Fin” (de Naguib Mahfuz) en que estuvo basada la cinta. “Paz Alicia Garciadiego hizo un super guion. Una historia de perdedores que se adaptaba muy bien a México”. Julieta habla de la comunicación constante que tenían Ripstein y Paz Alicia Garciadiego durante el rodaje. “Ellos constantemente se ponían de acuerdo. No nos dábamos cuenta de que hablaban. Construyeron muy bien su adaptación conjuntamente”.

Julieta rememoraba, a gusto, lo que fue la filmación. “Fue una filmación muy pesada. Espacios cerrados. En semi penumbra, esto en la casa a la que nos mudábamos. Entra la luz en Veracruz. Cuando iba a ver qué pasaba con Nicolás por qué dejaba de mandar dinero a la familia. Eran, muchas veces espacios milimétricos, como cuando “Guama” (Alberto Estrella) me daba la coca a guardar y yo la tiraba en el lavadero. Ese lugar donde tenía mis santitos, donde rezaba y acababa llorando mi desgracia”.

Raúl Adalid: ¿Qué recuerdas de la dirección de Arturo Ripstein?

Julieta Egurrola: Los planos secuencias. Escenas que respiraban. Como si fueran de teatro. Entonces podías construir a los personajes. Darles su tiempo. Su ritmo. Su pensar. Hubo mucha dirección actoral de Ripstein. No hubo prácticamente ensayos. Recuerdo que leímos el guion conjuntamente. Hacía a lo mucho dos tomas, si le gustaba la secuencia. Yo a veces le decía, déjame hacer otra, y me decía: “no, así está bien”. La película tuvo el acierto de tener un gran reparto. Los actores estuvieron muy bien seleccionados. Eran el tipo exacto. Esa secuencia final en los baños de vapor se hizo en un plano secuencia muy arriesgado que sacó muy bien adelante Gramillo (el fotógrafo). La hizo con una steadicam. Era complicadísima. Apoyamos a Gramillo: “¡Tú puedes Gramillo!”. A Ripstein le gustó mucho. La verdad es que quedó muy bien. Hizo sus homenajes, como en esa secuencia donde Laguardia me untaba los pies con crema. Era recordando a Buñuel. O cuando me corto la mano y con un paliacate enredado en la mano hago la secuencia. Ahí homenajeó al “Indio” Fernández”.

Julieta recordaba con gran cariño la película. Los minutos avanzaban. Los dos vivíamos la cinta nuevamente. Juliet, como yo le digo, se emocionaba, “Estábamos todos entregados a la historia. Todos estaban muy bien”. Se acordaba de lo sórdido en que se tornaba la película muchas veces. “Esa escena de Ernesto (Laguardia) cuando desvirgina a Verónica (Merchant) en el baño, metiéndole los dedos que quedan manchados de sangre. Muy fuerte. Muy duro de ver”.

Raúl Adalid: ¿Qué recuerdas de cuándo la viste por primera vez en la pantalla?

Julieta Egurrola: La vimos en una sala de los “Estudios Churubusco”. Todos estábamos callados. El público se sorprendía. Sabíamos que habíamos visto algo muy bueno.

La querida Julieta se acordaba con inmensa alegría que se fueron al “Festival de Cine de San Sebastián” España, a presentarla. “La película ganó. Yo recuerdo que me la pasé con Felipe Cazals y Pedro Armendáriz Jr, durante el festival, eran muy divertidos”. Con esa imagen de enorme alegría para ella terminamos nuestra charla.

Platicar con Julieta es vivir el instante enormemente. Goza la vida. La interpreta. Es una gran actriz que ama la existencia. De repente me dice que le gustaría hacer más cine. Este llegará no me queda la menor duda. Su presencia actoral es necesaria en la pantalla.

A mí me da un gusto gigantesco ser amigo de esta maravillosa actriz mexicana. Gracias Julieta por esta conversación vivida contigo y con esta película fundamental de nuestro cine: “Principio y Fin”.

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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