viernes 4, septiembre, 2026

PICO NORTE

MELITÓN GARCÍA DE LA ROSA

Ha comenzado la temporada de informes de los alcaldes de Tamaulipas, tiempos en los que las ciudades, los municipios y los barrios serán descritos como paisajes del Atalaya, rebosantes de tranquilidad, pulcritud, armonía y paz; y sus presidentes municipales pintados como el o la diosa que lo hizo posible.

Así es mis queridos boes, las y los alcaldes echarán la casa por la ventana para presumir los ‘avances históricos’ en suntuosos eventos con la crema y nata de la política tamaulipeca.

Los comunicados oficiales incluirán las danzas de los millones de pesos ‘invertidos’ en resolver los problemas que por décadas padecieron los ciudadanos, sus gobernados, hasta que la gracia divina llevó a los que hoy los gobiernan a la silla que todos quieren.

Si, darán cuenta de miles y miles de metros cuadrados de pavimentos, miles y más miles de lámparas de alumbrado público, cientos o miles de cámaras de seguridad, decenas de camiones recolectores de basura.
Serán enumeradas hartas canchas deportivas, millonarias inversiones para recuperar espacios públicos.

La prensa alineada, la opinión comprada, el análisis sometido, replicará ‘las bondades’, ‘el éxito’, los números alegres y la ‘enorme capacidad’ de las y los alcaldes para resolver, lo que los comunicados dicen que han resuelto.

Es el inicio de un ciclo que lleva años funcionando igual, el alcalde miente diciendo que resolvió, la mayoría de la prensa repite, aplaude, festeja, dando por cierta la mentira.

Los ecos de los informes duran por unos días, mientras los efectos del presupuesto para el aplauso se agotan.
Ha sido siempre así, con el PRI, con el PAN y hoy con Morena.

Afuera de los grandes centros cívicos, de convenciones, de los grandes teatros, de las puestas en escena, donde se mezclarán las lociones más caras de los alcaldes y sus invitados, con el agrio sudor de los acarreados para las porras, las ciudades siguen igual o peor que hace dos años que arrancaron las actuales administraciones municipales.

Las calles llenas de baches, algunos de ellos con años de existencia y nombre propio, impuesto por los que cada que caen en el y mientan madres al alcalde en turno estarán ahí.

Los cordones blancos, recién pintados, de las avenidas por las que pasarán el alcalde y sus invitados al informe, serán testigos temporales de la fiesta.

Los montones de basura en la mayoría de las colonias, las áreas verdes enmonadas, las veredas formadas por las añejas fugas de aguas negras en las calles no formarán parte de los recuentos que padeceremos durante todo el mes.

Nadie contará lo malo, lo que no se hizo, lo pendiente, porque los informes nunca, ni antes, ni ahora, han sido un verdadero ejercicio de rendición de cuentas, sino una sinfonía bien sincronizada de mentiras.

Estos, seguirán siendo una puesta en escena, donde el protagonista es el alcalde, donde la víctima es el ciudadano de a pie, que paga los platos rotos, el que sufre las consecuencias de que la ‘estrella’ de los boletines haya cumplido el sueño de ser presidente municipal de su ‘querida’ ciudad.

Habrá excesos por todos lados, porque mandar publicar que son lo mejor que le ha pasado a sus municipios, lo es y bastante, pero incluso algunos llegarán al extremo de pedir que la narrativa periodística, el análisis político los promueva para cosas más grandes, para la reelección como mínimo, para la gubernatura en el 2028 como merecimiento por su ‘excelente’ trabajo que incluso dirán ha llamado la atención en todo México.

En fin, repito, es el principio de la temporada de informes municipales, una especie de ciclo de películas de la picaresca y bananera política mexicana, una especie de “olimpiadas de la mentira”, un maratón de la sinvergüenzada…

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