viernes 28, agosto, 2026

FRACTALIDADES

¿Cómo encontrar la felicidad frente a lo adverso de la vida?

‘La Bailarina de Auschwitz’, como dice la propia superviviente y psicóloga Eger, lo escribió para que sirva de instrumento de sanación

Salvador Hernández Vélez

Edith Eger (1927-2026), autora del libro “La Bailarina de Auschwitz”, fue una psicóloga y escritora húngara-estadounidense, especialista en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático. Se graduó como psicóloga a los 42 años y falleció a los 98. Su libro es, a la vez, la historia de una superviviente del Holocausto, de su familia judeohúngara y un testimonio de superación para enfrentar la adversidad.

Con sólo 17 años, Edith fue llevada junto con sus papás y su hermana Magda a Auschwitz. Klara, su otra hermana, se salvó por no estar en la ciudad. A sus padres los enviaron directo a la cámara de gas, mientras que ellas permanecieron por más de un año en campos de exterminio, sorteando la muerte. El primer día sobrevivió porque el llamado “ángel de la muerte”, el doctor Josef Mengele, sabiendo que era bailarina, le ordenó danzar para él “El Danubio Azul”.

En la introducción de su texto dice que si le preguntaran cuál es el diagnóstico más habitual de sus pacientes, no respondería la depresión ni el trastorno de estrés postraumático, sino el hambre. Pero el hambre de aprobación, de atención, de afecto.

La autora expone cómo tenemos hambre de libertad para aceptar la vida, conocernos y ser realmente nosotros mismos. En Auschwitz, lo primero fue aprender las reglas de la supervivencia y desarrollar la capacidad de mantener la esperanza. Tras pasar por varios campos de exterminio, llegó al último de ellos: el infierno de Gunskirchen. Allí, a punto de morir, entre un montón de cadáveres, ella y Magda fueron encontradas y rescatadas por los estadounidenses.

Ahí empezó otro calvario: el de ser libres. Aunque había comida, no lograban satisfacerse. En Austria nadie quería acogerlas. Cuenta que al tomar el tren hacia su tierra, un hombre bloqueó la entrada del vagón y dijo: “Los judíos tienen que viajar en el techo del vagón”. Aunque los nazis habían perdido, el antisemitismo seguía. Al llegar a su ciudad natal, Košice, en Checoslovaquia, la situación no fue alentadora: descubrieron que en libertad les resultaba muy difícil hallar una esperanza y un objetivo.

Edith se casó en 1946 con Béla Eger, quien fue arrestado por los comunistas en 1949. Logró rescatar a su esposo sobornando al guardia de la cárcel y, con su niña en brazos, huyeron directo a la estación del tren rumbo a Viena. Después de un viaje sumamente tenso, emigraron a Nueva York en octubre de ese mismo año.

Fueron a conquistar la libertad, empezando de cero. Ella entró a trabajar en una fábrica de ropa y Béla como cargador en un almacén. En aquella época, los migrantes laboraban a destajo en las fábricas o como taxistas. En 1955, con dos hijas, se mudaron a El Paso, Texas, invitados por un primo de él. La situación económica empezó a mejorar y llegó su tercer hijo, quien sufría parálisis cerebral atetoide.

A los 32 años, Edith intentó estudiar la carrera de psicología, pero debido al padecimiento de su hijo, fue hasta los 39 cuando pudo retomarla. Mientras estudiaba en la Universidad de Texas, un joven le regaló el libro “El Hombre en Busca de Sentido”, de Viktor Frankl, otro superviviente del Holocausto. En el texto, el autor inicia describiendo lo que siente a su llegada a Auschwitz; luego narra su aprendizaje para adaptarse a lo imposible y lo inconcebible. Al escuchar diariamente que la única escapatoria era la muerte, y que el cautiverio continuaba, se desarrolló en él una lucha por encontrar el sentido y la felicidad.

A los 40 años, Edith llegó a declarar que sentía que su vida aún no había florecido; sin embargo, en 1974 obtuvo la maestría en Psicología Educativa por la Universidad de Texas y, en 1978, se doctoró en Psicología Clínica a la edad de 51 años. Inspirada por Viktor Frankl, se propuso responder las preguntas que nos plantea la existencia: ¿Por qué sobrevivir? ¿Cuál es mi objetivo en la vida? ¿Qué sentido puedo encontrar en mi sufrimiento? ¿Cómo puedo ayudarme a mí y a otros a soportar los avatares más duros de la vida y experimentar más pasión y alegría?

Edith dice que lo que le permitió hallar sentido en su vida fue ayudar a otros a encontrar el sentido de la suya: curar a otros para poder sanarse ella. En el libro reflexiona que “si vas a vivir, tienes que luchar por algo”, que “tienes que afrontar lo que hay en tu interior” y “que tienes que trabajar con tu pasado”.

“La Bailarina de Auschwitz”, como dice la propia superviviente y psicóloga Eger, lo escribió para que sirva de instrumento de sanación y así permitirnos vivir en plenitud y libertad. Una vida y un relato que, a pesar de la adversidad, logran culminar con un final feliz.

jshv0851@gmail.com

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