jueves 27, agosto, 2026

UN GRANITO DE ARENA AL MAR DE ESTA PLAYA LLAMADA VIDA

Raúl Adalid Sainz

Sí, ayer sin querer, volvimos a saber lo que es verdaderamente ser actor.

Aquel que está dispuesto a abrir las compuertas de su alma, de su pensamiento, de su imaginación y se da. Compartiendo en transmisión total a otro espíritu.

Fui invitado junto al actor José Juan Meraz, por parte de nuestro amigo el actor Jorge De Los Reyes, a leer fragmentos de mi libro «Historias de Actores (un recorrido por el mundo teatral y cinematográfico”) a personas de la tercera edad en el Asilo «Un Granito de Arena, AC». A su vez Jorge recibió la invitación de la actriz Minerva Valenzuela, quien hace una linda labor en ese espacio de vida.

Al mediodía dimos inicio nuestro viaje. Fuimos presentados como actores del teatro, del cine, de la tele. Los viejitos (dicho esto en amorosa palabra) sonreían, una de ellas le quiso dar un beso a José Juan. La sonrisa de nuestros nuevos amigos iluminaba su asombro, la luz bañaba su piel, sus presencias. Ellos veían, unos ojos sonreían, otros tenían mirada melancólica, otros miraban fijamente. Su mundo estaba totalmente despierto. Así lo percibía. Su puerta estaba por abrirse.

Les platiqué por qué había escrito el libro. Mi gusto por mi carrera. Mi fascinación por el mundo actoral. Les dije que por medio de ese libro quería expresar quién era el actor realmente. Su vida interior. Sus sueños, tristezas, alegrías, sus miedos, sus amores.

Comenzamos las lecturas con una historia del origen. El despertar de la vocación actoral allá en Torreón Coahuila. Una señora en su emoción de sonrisa dijo: «Yo soy de Torreón». «Paisana», dijimos, Jorge, José Juan y yo. A partir de ahí, creo que ella volvió a la Comarca Lagunera y a los mundos que suscitábamos con nuestras lecturas.

Les hablamos de mundos de fantasía con el payaso lagunero «Tribilín», de amor y de poesía con una historia sobre el poeta Jaime Sabines. Del amor platónico y de los asombros que provoca la vida, de los jesuitas y de su pasión por el teatro, de cuando los actores laguneros nos acordamos de nuestro Torreón, de una historia del actor Gonzalo Vega y su Don Juan Tenorio, del entusiasmo de vida de la actriz Patricia Reyes Spindola, del cine mexicano, de Ripstein, de Cazals, de Los Hermanos Almada, (¡ah! cómo se rieron con esta historia sucedida en Gómez Palacio Durango).

Cerramos leyéndoles una fábula de fe a la vida. Les hablamos también de las tristezas del actor al no tener trabajo, de su necesidad de ser al comunicarse con el otro. Los ojos de nuestros amigos, su mirada, era de total solidaridad. Un mundo se despertaba ante ellos. O más bien sólo lo reconocían. Su sabiduría de vida ha recorrido muchos caminos. Ellos en su mirar susurran la vida. Sus rostros eran ecos para nosotros.

Después de cada lectura aplaudían generosos. Las enfermeras también nos dispensaban con su presencia. La actriz Minerva Valenzuela hacía sensibles comentarios. La unión comunicativa era total. Amorosamente compartida.

Al terminar José Juan les dijo:» Son el mejor público que he tenido». Concuerdo con él. El milagro de lo que se despertó fue hermoso. Creímos dar nuestro tiempo al bien de los demás y nosotros salimos de ahí llenos de amor, de agradecimiento, de sentir que tu ser puede lograr el despertar conjunto de vivir.

Hoy, esta mañana, los recuerdo y me alegran estos minutos de escribir. Quisiera transmitirles lo verdaderamente hermoso que fue el mediodía de vida del 26 de agosto de 2019. Curiosamente festejábamos «El Día del Actor». Nuestros amigos del Asilo «Granito de Arena» hicieron que escucháramos la playa de amor en mar de lo que significa en verdad ser un actor. Un desinteresado mensajero de Dios.

Nunca olvidaré su cariño, sus miradas, su amor incondicional. La mirada atenta de Memo, quien dijo que le hubiera gustado ser actor, aquella amiga que nos dijo que era sobrina del actor Miguel Manzano, el cariño dispensado por el hermano de Enrique Bermúdez de la Serna, sí, el narrador de futbol, la señora Viky de España, nuestra paisanita, quien decía haber conocido el Teatro Mayrán de Torreón y a Rogelio Luévano.

Todos ustedes van ahora en la maleta de nuestro viaje. Fuimos a «Granito de Arena» a leer historias de actores en el día del actor, y nosotros vivimos una más, una más que hermosa. Una que es toda una lección de vida.

El libro «Historias de Actores (un recorrido por el mundo teatral y cinematográfico)” está contento. Ayer al ponerlo en el librero le di un beso a su portada. Viví esa página en silencio, tejiéndola aún, y me fui como Jaime Sabines, «llorando, llorando la hermosa vida».

Gracias Minerva Valenzuela, por esta invaluable invitación. Gracias Jorge De Los Reyes por creer que «Historias de Actores» podía despertar lo que despertó. Gracias Josejuan Meraz por ser intérprete lector de estos trozos de vida.

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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