Por su gusto
Julián Parra Ibarra
En más de una ocasión en este mismo espacio usted y yo hemos comentado, que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se ha convertido en el pararrayos de su administración, e incluso en una de nuestras entregas sugeríamos que no la dejaran sola, como lo ha venido haciendo la gente que está a su alrededor, y que se supone que están para protegerla.
Lejos de ser arropada por secretarios de su gabinete, legisladores y gobernadores de su partido, ha sido ella quien ha tenido que salir a dar la cara por todos y tratar de enmendarles la plana cada que se meten en honduras por sus actuaciones o sus declaraciones.
Y en aras de cubrir –o encubrir- a personajes de ‘su movimiento’, la presidenta ha venido gastando la imagen de la investidura presidencial al intentar convertir en sinónimos de soberanía nacional, los nombres de personajes innombrables como Rubén Rocha Moya; o el más reciente el de Andy López Beltrán, por aquello de que el gobierno de Estados Unidos le canceló su visa.
El gobierno norteamericano ha dejado muy claras las condiciones en las que se basan para la cancelación de visas, y el derecho que tienen de permitir ingresar a no a cualquier persona, independientemente de su nacionalidad, de su credo político o a lo que dedique; ese tipo de medidas, lo tiene cualquier país del mundo que puede restringir el ingreso a su territorio a quienes considere como amenazas a la paz y la tranquilidad interior.
Sin embargo, la presidenta considera que la cancelación del documento migratorio del hijo del presidente de cuyo nombre no quiero acordarme, es un intento de injerencia en la vida política del país, porque afirma que no es parejo con todos los países, y que si se hiciera una revisión de qué ocurre en otros países de América Latina, “esto tiene un sentido de injerencia en la política mexicana”.
¿En verdad es obligación y compromiso de la presidenta intervenir para defender a un ciudadano mexicano al que le han cancelado la visa, y hacer uso de recursos públicos al llevar el tema a la mañanera? Porque Andy podrá ser hijo de quien quieran que sea, pero no es funcionario mexicano, es, les guste o no, un ciudadano más, un ciudadano cualquiera.
Pero al igual que con Rocha Moya, Sheinbaum Pardo antepone por encima de los intereses verdaderos de la nación, los intereses de personajes protegidos como Rocha Moya, como Marina del Pilar, como López Beltrán.
Igual tiene que salir a defender las listas presentadas por la apoderada jurídica de Presidencia, Luis María Alcalde, quien presentó una lista de políticos de oposición, medios, periodistas, analistas que, según ella son opositores al gobierno de la autoproclamada ‘cuatroté’, con nombres, datos y direcciones electrónicas, en una acción que la propia Claudia Sheinbaum decía en octubre de 2021 que quien hacía listas incurría en prácticas tipo fascista, nazi o macartista ¿Y ahora?
En defensa de su colaboradora, la presidenta ha dicho que lo que se presentó fue el estudio de un ‘ecosistema digital de amplificación artificial’, pero ninguna de las dos ha aclarado con qué objetivo se enlistan a todos los incluidos, por ejemplo, los políticos como Kenia López Rabadán ¿qué esperaban de ella si es de oposición, quieren a una oposición que no actúe como tal y que aplauda al régimen? De los periodistas incluidos ¿cuál es propósito de incluir nombres y direcciones electrónicas, que los seguidores de su movimiento sepan a quién y a dónde dirigir sus oleadas de violencia?
Al igual que lo comentamos usted y yo en este espacio en infinidad de ocasiones, la función de los medios es de cuestionar, señalar, investigar, denunciar los hechos más que los dichos del gobierno en turno, más allá de quien ocupe la presidencia se llame, Pedro, Juan, Chana o Juana, y más allá de su credo político, de las siglas o colores del partido que los llevó al poder.
Quien está en el centro del debate es quien está al frente del gobierno y ostenta el poder, que ya está más que visto que el de esta administración tiene la piel extremadamente delgadita. El que se fue presumía de ser el presidente más criticado de la historia, y nosotros aquí lo dijimos, se le cuestiona a la persona en ejercicio del poder, que cuando terminara su sexenio y se alejara de los reflectores, dejaría de ser tan observado, y quien pasaría a ser el objeto del escrutinio, era quien le sucediera en el poder. Así fue, y así será.
Pero no logran entenderlo y la actual mandataria también siente, cree, que hay un complot internacional, que el universo está en su contra. No presidenta, el día que usted deje el puesto, los reflectores no la van a seguir, se van a enfocar en su sucesor. Entiéndanlo, quien quiera que sea el presidente y del partido que quiera, va a ser cuestionado por la oposición –como si no lo supieran, cómo actuaban los años que fueron oposición-, por los medios va a ser investigado, cuestionado, señalado.
El problema de las administraciones cuatroteras es que son especialistas en victimizarse, en sentirse el ombligo del mundo y todo lo que se mueva y contradiga sus lineamientos, es parte de un complot del universo en su contra, incluyendo Estados Unidos y su ‘quitavisas’.
Y la presidenta por su gusto, dos años después de haber asumido el puesto, se mantiene como el ‘pararrayos’ de su administración. Protegiendo a quienes su supone deberían cuidarle las espaldas.
X= @JulianParraIba







