Francisco Treviño Aguirre
Los parques industriales del centro de México: el nuevo motor de la competitividad nacional
Durante los últimos años, el fenómeno del nearshoring ha cambiado profundamente la manera en que las empresas internacionales deciden dónde producir, almacenar y distribuir sus bienes. México se ha convertido en uno de los principales beneficiarios de esta tendencia gracias a su ubicación estratégica, la integración comercial con Norteamérica y la experiencia de su industria manufacturera. Si bien los estados de la frontera norte continúan siendo un referente para la inversión extranjera, existe una transformación silenciosa que merece especial atención: el acelerado crecimiento de los parques industriales ubicados en la región centro del país. Esta evolución responde a una combinación de factores logísticos, económicos y tecnológicos que están modificando el mapa industrial mexicano.
Las empresas ya no buscan únicamente instalarse cerca de la frontera con Estados Unidos. Hoy privilegian ubicaciones que les permitan acceder simultáneamente a los principales mercados de consumo, a una infraestructura carretera eficiente, a centros de distribución nacionales y a una mayor disponibilidad de talento especializado. En este nuevo escenario, entidades como Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Aguascalientes, Estado de México e Hidalgo han incrementado significativamente su atractivo para inversionistas nacionales y extranjeros. Uno de los principales impulsores de esta expansión ha sido el crecimiento del comercio electrónico. El consumidor moderno exige entregas cada vez más rápidas, lo que obliga a las empresas a replantear sus cadenas de suministro. En lugar de operar desde un solo centro logístico, ahora desarrollan redes de distribución regionales que reducen tiempos y costos de transporte.
A ello se suma el fortalecimiento de sectores estratégicos como el automotriz, aeroespacial, electrónico, farmacéutico, dispositivos médicos, logística avanzada y manufactura especializada. Estas industrias requieren instalaciones con especificaciones técnicas cada vez más sofisticadas: mayores alturas libres, capacidad eléctrica robusta, certificaciones ambientales, conectividad digital y disponibilidad inmediata para iniciar operaciones. La evolución de los parques industriales también refleja un cambio importante en el perfil del inversionista. Ya no basta con ofrecer terreno urbanizado o una nave industrial. Las empresas buscan verdaderos ecosistemas de negocios que integren infraestructura energética confiable, telecomunicaciones de alta capacidad, seguridad, disponibilidad de agua, servicios especializados y acceso a proveedores estratégicos. La competitividad de un parque industrial dependerá cada vez menos del precio del terreno y mucho más de su capacidad para ofrecer condiciones que reduzcan riesgos operativos y mejoren la productividad de las empresas instaladas.
Otro elemento que explica esta dinámica es la diversificación geográfica del riesgo. Durante décadas, gran parte de la inversión manufacturera se concentró en unos cuantos estados del norte. Sin embargo, factores como la saturación de infraestructura, la creciente demanda de energía eléctrica, la disponibilidad limitada de agua y el incremento en los costos laborales han impulsado a muchas empresas a evaluar nuevas ubicaciones. En consecuencia, el centro del país ofrece una combinación atractiva entre costos competitivos, conectividad multimodal y cercanía tanto al mercado interno como a los principales corredores de exportación.
No obstante, este crecimiento también representa importantes desafíos. La velocidad con la que aumenta la demanda de espacios industriales supera, en muchos casos, la capacidad de los gobiernos para desarrollar infraestructura estratégica. Las empresas globales exigen parques industriales con menores emisiones de carbono, sistemas de eficiencia energética, tratamiento y reutilización de agua, certificaciones ambientales y disponibilidad para incorporar energías renovables. En consecuencia, el éxito de los desarrolladores dependerá de su capacidad para integrar estos elementos desde la etapa de diseño. México cuenta con una oportunidad histórica para consolidarse como la plataforma manufacturera más importante del continente americano. Sin embargo, aprovechar plenamente esta ventaja requerirá mucho más que atraer inversiones.
Hoy por hoy, existe un discurso recurrente que afirma que el nearshoring llegó para quedarse y que México será, por definición, uno de sus principales beneficiarios. Esa afirmación resulta cómoda, pero también peligrosa. Las inversiones no llegan por patriotismo ni permanecen por inercia. Se establecen donde existen condiciones reales para producir con menores costos, mayor certeza jurídica, infraestructura confiable y disponibilidad de energía. Si México no acelera el desarrollo de sus redes eléctricas, de transporte, de agua y de capital humano, el capital internacional encontrará alternativas en otros países que hoy compiten agresivamente por esas mismas oportunidades.








