Raúl Adalid Sainz
«Rashomon», «Escándalo», «Ran», «Los Siete Samuráis», «Rapsodia en Agosto», «Los Sueños de Akira Kurosawa», y dejo aparte, «Barbarroja».
Qué manjar cinematográfico he vivido. Qué panorama universal de imágenes se me ha abierto. Ver a Kurosawa es sentir la grandeza de los sentidos. Es educar el ojo a lo que es la visión hacia el cine. Es sentir a los órganos sensibles jugar en su morada.
Es contemplar cómo se narra cinematográficamente. Cómo se ordena un guion para hacerlo visiblemente coherente en la pantalla. Es no saber si lo visto es la vida, y luego decir, sí, es la existencia, pero en la magia poética de contarla en imágenes.
Un cine donde los elementos de la naturaleza están vivos, terriblemente vivos, ellos dan paso al tiempo, sea pasado, presente o futuro, son enlaces para Kurosawa, son ecos de las almas de sus personajes. Tal como en «Ran», cuando el gran señor «Hidetora», echa su vista al cielo y ve un espacio desordenado de nubes, en absoluto caos, como su vida. Es ver cómo se adapta a Shakespeare en su «Rey Lear», para trasladarlo al medievo japonés, eso es la deslumbrante súper producción del maestro nipón llamada, «Ran», caos en japonés.
Kurosawa indaga en la verdad del hombre. Lo cuestiona sin concesiones. Confronta la ética del ser como en «Rashomon», parece que no hay salvación y un bebé llora, el hombre leñador de la historia lo rescata y de paso redime al ser humano, hay una viable salvación en el amor; parece decir Kurosawa.
En «Escándalo», vemos la absurda degradación humana. Paparazzis sin escrúpulos que buscan la nota sensacionalista a costa de todo. En un juicio entre demandantes (Una cantante y un pintor) y la prensa acusada, se luchará sin tregua. Se impondrá la verdad, surgida de entre un cielo encapotado de incertidumbre. El ser humano brillará como una estrella en su verdad. Kurosawa salva al hombre después de naufragar en el desorden de vida. Le da esperanzas. Así como en sus hermosos sueños. Fenomenal y hermosa película. Una poesía de valores hechos imagen. «Los Sueños de Akira Kurosawa».
La confianza, el valor, los ideales, el salvar tu ser, tu espacio a costa de todo, eso es la monumental, «Los Siete Samuráis». Hoy que tanto se habla de cine de acción, habría que ver esta cinta que es una lección para cualquier cineasta y espectador. La acción al servicio de la historia. Siempre con un propósito. Como mantener el suspenso, la trama, en base a un guion que ahonda en las situaciones y en el carácter de los personajes de acuerdo a éstas.
«Rapsodia en Agosto», es el perdón, el buscar el consuelo, el darse un abrazo el pueblo japonés y el norteamericano después de los horrores de Hiroshima y Nagasaki. Perdón rectificando el error. El encuentro entre Richard Gere y la anciana, con la nocturnalidad del cielo estrellado como alianza, es una pureza.
«Barbarroja», es un testamento para el que busca la verdad, la virtud de la entrega, de la única justicia que existe, que es compartir en la luz de un mundo mejor. Que la integridad, palabra y acción perdidas, sea la utopía alcanzable. Una película para elegidos. Esos que pueden cambiar el mundo, aunque sea con una piedrita de esperanza.
Sí, suelo hacer mis propios cine clubs en casa. Esta vez le tocó al maestro Akira Kurosawa. Suelo divertirme compartiendo por las redes mis delirios. Los comparto imaginando que habrá un ojo cómplice de estas reveladoras locuras. Toda la vida son sueños y los sueños cine son. Así como un día mentó el compositor Luis Eduardo Auté. Seguramente estaba extasiado cuando terminó de ver una de Kurosawa y dijo lo anterior.
Nota: texto construido en 2013. Lo comparto con la idea de inquietar a esos espíritus que buscan; quizá Kurosawa tenga respuesta a tus preguntas.
Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan








