Luis Alberto Vázquez Álvarez
La ingratitud es hija de la soberbia.
Miguel de Cervantes
La política laboral de la actual administración federal americana, en su soberbia infinita ha causado graves problemas en diferentes sectores productivos de la que se creía era la nación económica y militar más poderosa del mundo y ahora se tambalea por decisiones internas, no por sus enemigos o competidores, sino por imprudencias y hasta pifias de su propia dirección.
La decisión del pedófilo dictador naranja de encarcelar y en el mejor de los casos, deportar a los trabajadores agrícolas mexicanos acusándolos de criminales, narcotraficantes y otras lindezas más que llenaron de alegría a los Narco-PRIANistas, saqueadores del erario que sentía que así los apoyaba en su lucha contra el pueblo mexicano, pobre, prieto y sin alcurnia; provocó una crisis laboral inmediata en el campo estadounidense: escasez de mano de obra y pérdidas económicas millonarias. Los cultivos como frutas y verduras fueron los más golpeados por falta de jornaleros. En California, Idaho y Texas, los campos de fresas, uvas y verduras quedaron parcialmente abandonados. Cultivos intensivos (frutas y hortalizas) reportaron un alto déficit de trabajadores. El procesamiento de alimentos y cosechas se retrasaron, afectando la cadena de suministro. La falta de jornaleros especializados y acostumbrados a las duras labores del campo elevó los gastos de contratación y logística. La inestabilidad en la oferta de alimentos generó alzas de precios y menor disponibilidad en supermercados que encarecieron los productos afectando sobre todo a los propios ciudadanos gringos.
Familias migrantes quedaron en incertidumbre, escondidas por miedo a redadas y pérdida de estabilidad económica y oportunidades laborales no solamente en la agricultura, también en la construcción y servicios domésticos. La expulsión, políticamente, buscaba una “fuerza laboral 100% estadounidense”, la realidad mostró que la agricultura americana depende de jornaleros mexicanos más de lo que se reconoce públicamente; los campos de fresas en California y las plantaciones de lechuga en Arizona quedaron sin manos recolectoras. El amanecer en los campos se convirtió en un vacío: surcos sin pizcadores, cosechas enteras echadas a perder en la planta misma. Las pérdidas se calcularon en decenas de miles de millones de dólares.
Familias migrantes latinas viven atrapadas en un ciclo de incertidumbre. La expulsión fue presentada como un acto de soberanía, pero terminó revelando un ritual de fragilidad; bien sentencio Francisco de Quevedo: “Ruin arquitecto es la soberbia; pone los cimientos en lo alto y las tejas en la parte más baja”.
En el otro extremo de la nación americana, una ridícula, lógicamente impensada declaración del tirano pederasta, calificó a los trabajadores especializados canadienses como “reemplazables”… el efecto fue inmediato: amplios sectores industriales metalmecánicos y de la construcción americana paralizaron proyectos de infraestructura y energía porque la dependencia real de esa mano de obra altamente calificada dejó de laborar; ofendidos se retiraron a su patria y en apenas 72 horas se detuvieron obras de oleoductos en Texas y Pensilvania, plantas nucleares en Nueva York, rascacielos en varias ciudades del norte y terminales de gas natural licuado, generando pérdidas multimillonarias estimadas en más de 8 mil millones de dólares por retrasos y cancelaciones.
Una vez más, se demostró que la fuerza laboral estadounidense depende de trabajadores extranjeros y que su déspota maquillado, como asegurara José de San Martín: “Posee una soberbia que es discapacidad mental y que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”
El gobierno de Canadá reaccionó con firmeza, defendiendo el valor de sus trabajadores y cuestionando la narrativa de “reemplazables”, claro, allá no tienen PRIANistas traidores a la patria que piden que USA los invada.
Solución allá y en cualquier nación del mundo: “Colocar en el poder a alguien que quiera al ser humano más que a su soberbia e incapacidad gubernativa”.







