Luis Alberto Vázquez Álvarez
El filósofo francés Paul Ricoeur (1913-2005) creó la noción «maestros de la sospecha» a fin de entender a tres pensadores que, aunque operaron en campos distintos, compartieron una misión común: desenmascarar las ilusiones de la conciencia y cambiar nuestro entendimiento de la verdad, sugiriendo que lo que percibimos como «real» o «consciente» es en realidad una construcción que oculta fuerzas más profundas.
Karl Marx (1818-1883), cuya sospecha fue que la vida social y económica no la determina la ideología ni los valores morales, las leyes y/o la religión («superestructura»), sino una realidad oculta y descubierta por él: Los intereses de clase y las relaciones de producción, por lo que aquella surge en una época como las ideas de la clase dominante, usadas para mantener el poder.
Friedrich Nietzsche (1944-1900), sospechaba de los valores occidentales y de la metafísica; que la moralidad (especialmente la judeocristiana) es un síntoma de debilidad que enmascara conceptos como «el bien», «la verdad» y «la compasión» ocultando una realidad basada en el resentimiento y la voluntad de poder, determinando que aquellos son herramientas que los «señores» inventaron para someter a los «esclavos», trastocando los valores.
Sigmund Freud (1856-1939), sospechaba acerca del pensamiento consciente y la conducta racional, estableciendo que, el inconsciente, las pulsiones sexuales (libido) y los deseos reprimidos son nuestra verdadera consciencia; nuestras acciones están gobernadas por traumas y deseos que no conocemos y que no somos dueños de nuestra propia casa.
Después de los maestros de la sospecha, ya no podemos tomar la realidad «tal cual». Nos enseñaron que la verdad suele ser un disfraz; desenmascararon la falsa transparencia de la conciencia mostrando que detrás de nuestras ideas y valores operan fuerzas ocultas: económicas, políticas y de resentimiento. Que para entender algo, hay que buscar lo que está escondido debajo. Los tres sentaron las bases del pensamiento posmoderno y la crítica cultural contemporánea, en especial a los medios de comunicación y los mensajes de los poderosos.
Hace unas horas, el mundo creyó firmemente que podía haber esperanzas de paz, que uno de los jinetes del apocalipsis podía caer del caballo y que el reloj de fin del mundo que se encontraba a punto de dar las doce, se detenía, pero no… Ahí estaban para mantener la maldad extrema dos maestros de la sospecha criminal: los dirigentes de USA e Israel.
Estos genocidas, creyentes del “siervo albedrío” (doctrina luterana que sostiene que el ser humano no posee un libre albedrío autónomo frente a Dios, que su voluntad está esclavizada por el pecado), están llevando a la humanidad a guerra total para salvarse a sí mismos de juicios criminales en su propia nación. El israelita actualmente acusado de corrupción, enfrentando cargos de soborno, fraude y abuso de confianza desde 2019 con juicio abierto en Jerusalén. El dictador narcisista naranja gringo acusado de 71 delitos graves en distintos procesos judiciales: (34 en Nueva York =culpable= y 37 en Florida) más otros por desacato a autoridades judiciales y evadir el límite de sus facultades sin respetar al congreso yanqui.
Ahora debemos aplicar la hermenéutica de la sospecha, es decir, una interpretación crítica que desconfía de la conciencia y de los discursos aparentes. Cambiar la forma de interpretar la realidad global porque detrás de lo que creemos verdadero operan fuerzas ocultas (económicas e imperialistas), apariencias y discursos oficiales que ofenden la conciencia y le impiden ser transparente y autónoma; seguimos mejor a Ricoeur en una hermenéutica de la afirmación, esa que busca comprender y dar sentido al cuestionamiento de ideologías, narrativas políticas y culturales, evitando aceptar la conciencia como “natural”, cuando en la realidad surge de la manipulación mediática, la psicología del consumo y la crítica de valores heredados; desconfiar de la superficie de la conciencia y a buscar las fuerzas ocultas que la determinan.







