martes 17, marzo, 2026

IN PRINCIPIO ERAT VERBUM

Crecen las agresiones a las iglesias

La violencia en México ha alcanzado niveles alarmantes al irrumpir en espacios tradicionalmente sagrados como los templos religiosos. Robos, profanaciones, extorsiones y asesinatos evidencian una crisis profunda de seguridad, valores e impunidad

Simón Vargas Aguilar

En un país donde la fe ha sido durante siglos pilar de la identidad nacional, la violencia ha estado cruzando todos los límites inimaginables; hoy, las iglesias se han convertido en blancos fáciles para el crimen organizado y la delincuencia común. Robos, profanaciones, extorsiones e incluso asesinatos dentro de los templos no son hechos aislados forman parte de una escalada sistemática que revela la profundidad de la crisis de seguridad y de valores en nuestra sociedad, pero sobre todo de impunidad que tolera estas acciones.

De acuerdo con datos del Informe sobre la incidencia de violencia contra sacerdotes e instituciones de la Iglesia Católica en México 2025, elaborado por el Centro Católico Multimedial, el país registra un promedio de 26 a 28 agresiones semanales contra templos y espacios de culto. El 84% de estos
ataques son robos: sustracción de objetos litúrgicos, alcancías y hasta figuras de bronce que luego se venden en el mercado negro.

En las últimas décadas, estos actos se han multiplicado significativamente, ejemplos concretos abundan, en Sonora manifestantes destruyeron imágenes sagradas en la parroquia de Santa María Magdalena; en Morelos robaron el Santísimo de una capilla; en Guanajuato otro grupo incendió la iglesia de Santiaguito en Irapuato; en la Ciudad de México, enmascarados ataron a un sacerdote para llevarse vasos de plata.

Pero la violencia no discrimina credos. Aunque los informes se centran en la Iglesia Católica por su mayor visibilidad, las iglesias evangélicas y protestantes en general también sufren el embate. Pastores protestantes han sido extorsionados con demandas de hasta 1,500 dólares mensuales para “permitir” sus cultos; lo sagrado, sea católico, evangélico o de cualquier otro credo, ya no es territorio neutral, es botín o amenaza para quienes desafían al poder del narco y le hacen cuestionamientos.

Lo más doloroso son las muertes de sacerdotes, que han dejado heridas abiertas en la memoria colectiva. Entre 2018 y 2025, se registran al menos 13 sacerdotes asesinados y tres desaparecidos. Frente a esta tragedia, la impunidad se impone, casos archivados, investigaciones estancadas, familias sin justicia; las iglesias han quedado desprotegidas pese a la obligación constitucional de garantizar la libertad religiosa. Antes, los templos eran terreno seguro; hoy se están convirtiendo en escenarios de extorsión, secuestro y muerte.

Esta realidad obliga a una reflexión profunda, la violencia en México ha llegado a un punto de saturación que ha contaminado incluso los rubros más sagrados y esenciales para la cohesión social, las iglesias. El día de antier durante su sermón en homilía dominical, Monseñor Francisco Javier Acero Pérez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México; hizo un llamado directo al crimen organizado para que cese la violencia, además externó su solidaridad con las familias de madres y padres buscadores.

Es así que no olvidemos sus palabras, las cuales deberían hacer eco en nuestras consciencias: “Este dolor no se resume en números ni comunicados; este dolor es sagrado […] El horror no nos puede paralizar, el amor nos pone en marcha […]

¡Basta ya de tanta muerte injusta!”

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