viernes 27, febrero, 2026

En el tintero

Jessica Rosales

Aliados incómodos: la reforma que no convence ni en casa

La reforma electoral que el gobierno presentó como un paso histórico hacia la “austeridad democrática” todavía no llega al Congreso, y no es por trámite administrativo. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ya la dio a conocer públicamente, su envío formal está previsto hasta el 2 de marzo. 

La razón de fondo es política: Morena y sus aliados no tienen asegurados los votos para aprobarla. Desde hace rato se anticipó la resistencia dentro del propio bloque oficialista, especialmente del PT y del Partido Verde, cuyos legisladores han dejado entrever que no acompañarán la propuesta en sus términos actuales.

La propuesta plantea cambios de fondo. Modifica la integración del Congreso, 500 diputados todos por votación directa, con ajustes en la representación proporcional, redefine el Senado con 96 integrantes, reduce 25% el costo de las elecciones, recorta financiamiento a partidos, fortalece la fiscalización del INE, regula el uso de inteligencia artificial en campañas y elimina la reelección consecutiva a partir de 2030. En el discurso, se trata de austeridad y fortalecimiento democrático.

Pero en política, el contenido importa tanto como los votos. Y ahí está el problema.

La propia presidenta reconoció que aún no está garantizada la mayoría calificada. Por eso dio días adicionales para que el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde analicen la propuesta antes de que inicie formalmente el proceso parlamentario.

El Verde no ha cerrado filas. Manuel Velasco, coordinador de sus senadores, dejó claro que respaldan el trabajo presidencial, pero también subrayó que tienen derecho a opinar. Traducción legislativa: el apoyo no es automático. Más aún, varios senadores del Verde han asegurado que, en su redacción actual, no acompañarán la reforma.

El PT, por su parte, también ha manifestado reservas. No es casualidad. Cualquier modificación en la representación proporcional impacta directamente en los partidos que dependen de ese esquema para mantener presencia legislativa. En otras palabras: las reformas electorales no son neutrales, redistribuyen poder.

Sin el Verde y sin el PT, Morena no alcanza los votos necesarios en el Senado. Y sin 86 votos, no hay reforma constitucional.

La oposición votará en contra, eso es previsible. Lo que no lo es, y lo que revela la verdadera tensión, es que el bloque gobernante tampoco tenga asegurada la disciplina interna. La reforma aún no llega formalmente al Congreso, pero ya enfrenta obstáculos y el más urgente de atender es convencer a los propios aliados.

El dilema es claro. O Morena negocia ajustes para asegurar los votos, o se arriesga a que su reforma emblemática naufrague antes de siquiera iniciar el debate parlamentario.

En política, el adversario puede endurecer el discurso. Pero cuando los aliados dudan, el mensaje es más profundo. Y hoy, la reforma electoral no convence ni en casa.

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