Sembrar futuro: Solo a través de la educación, la convicción de la señora Manuela
Salvador Hernández Vélez
Manuela Vélez Adriano nació en Viesca en 1929. Sus padres fueron María Adriano y Santiago Vélez. Estudió la primaria en la escuela Andrés S. Viesca. Su profesora de sexto año y directora fue Doña María Martínez de Loza. Su tía Rosa trabajaba con el boticario del pueblo, don Enrique Ramírez, él impulsaba a sus hijos a continuar sus estudios fuera de Viesca. Uno de ellos, Paco Ramírez, fue ingeniero naval. En ese entorno, que el destino le brindó, donde el estudio y la superación eran valores promovidos, creció Manuela.
De hecho, cuando Manuela salía de clases se quedaba a apoyar a su tía Rosa en la botica y a hacer sus tareas. Su dedicación en la escuela, al igual que otras alumnas, le valió para ser admitida como auxiliar de la profesora María, apoyando a los estudiantes de los primeros grados. Esto posibilitaba que las jóvenes asistentes iniciaran, en cierta medida, su formación para aspirar a ser profesoras. Las mandaban a la escuela Normal en Saltillo, a los cursos de verano. En el certificado de educación primaria, que le fue extendido el 30 de junio de 1943 a la joven Manuela, se hace constar al reverso las asignaturas que cursó y sus correspondientes calificaciones, por áreas. En el de ciencias naturales: Botánica; Zoología; Anatomía, Fisiología e Higiene; Física y Química. En ciencias sociales: Historia; Civismo y Geografía. En Lenguaje: Lectura oral; Lectura en silencio; Escritura; Expresión oral y escrita; Recitación y dramatización; Práctica e información gramatical. En Aritmética: Mecanizaciones y Problemas y el área de Geometría. Y Educación física y premilitar; Conducta. Al final especifican las faltas justificadas y las injustificadas.
Manuela no pudo asistir a los cursos de verano porque se casó con el joven Jesús Hernández Cuevas. Y se fue a vivir a la estación de ferrocarril de Acacio, Durango, un pueblo minero. Tuvieron siete hijos. Influida por la profesora María y por el boticario, llevaba en su mente la determinación que sus hijos estudiarían una carrera profesional. Lo logró. Sin contar con recursos, pero con un claro proyecto de vida. Además, impulsó a sus sobrinas a estudiar. Un familiar de ella contaba que cuando se enteró que él tenía una nueva hija, le cuestionó, ¿y cuál va a ser el futuro de esa niña? Él no entendió y ella le remató, ¡mis hijos no se van a quedar en el rancho, van a ser profesionistas!
El primer problema con el que no contaba es que en Acacio sólo se ofrecía hasta cuarto grado de primaria. ¿Y qué hacer para que sus hijos no se fueran a otro lado a terminar? Ella le planteó al profesor Salvador Camacho Peña cómo le podía ayudar para que los niños estudiaran quinto y sexto. La única alternativa que ofreció fue que él les impartiera las clases de esos años, aunque sin el reconocimiento oficial de la Dirección de Educación Pública, pero al terminar este nivel, las autoridades educativas no se podían negar a aplicarles un examen a título de suficiencia para acreditar su educación primaria.
En contra del inspector de la zona escolar de la Dirección General de Educación Pública del estado de Durango, el profesor Camacho se dedicó todos los sábados del último año de primaria a preparar a los niños para el examen a título de suficiencia. Para el examen, los niños tenían que ser trasladados por sus papás a la cabecera municipal, a San Juan de Guadalupe, Durango, a la escuela primaria Elpidio G. Velázquez durante dos días a presentar el examen previamente solicitado por los niños y apoyados por sus padres y el juez de la comunidad. Todos los niños que preparó el profesor Camacho siempre pasaron. Así terminaron la primaria varias generaciones.
Esta decisión, el compromiso y la vocación del profesor Camacho, les abrió una nueva alternativa de estudios a los niños y un ahorro a las familias. Los niños dedicaban horas extras a estudiar para obtener el certificado de educación básica. Esta formación fue fundamental, porque con esa base varios de los niños se fueron a las ciudades a estudiar secundaria, preparatoria y algunos a hacer carrera profesional o técnica. Esta historia nos recuerda cómo la voluntad y el impulso de una madre es capaz de lograr sobrepasar adversidades del sistema y contribuir a la sociedad, pues Doña Manuela y el profesor Camacho lograron la exitosa educación de muchos niños de esa comunidad.
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