martes 27, enero, 2026

Dogma de Fe 

Marcos Durán Flores

La solución final y el Holocausto

La mañana del 20 de enero de 1942, se celebró una reunión en Wannsee, un suburbio de Berlín. El sitio fue una hermosa propiedad que se encuentra en las afueras de la capital alemana. La que hoy se conoce como la “Conferencia de Wannsee” fue presidida por Reinhard Heydrich, con la participación de 15 funcionarios y representantes de las autoridades del Reich. En esta reunión, la Oficina Central de Seguridad del Reich coordinó los planes de exterminio con los ministerios y autoridades pertinentes. Heydrich habló sobre la inclusión de 11.000.000 de judíos en el programa nazi para la «Solución Final a la Cuestión Judía». Las actas de la Conferencia de Wannsee registran que «debido a la guerra, el plan de emigración ha sido sustituido por la deportación de los judíos al este, de acuerdo con la voluntad del Führer».

Desde la aprobación en 1935 de las leyes de Nuremberg, había iniciado la eliminación de esta raza en Alemania, pues se le consideraba inferior. Lo primero fue despojarlos de sus derechos, luego de sus bienes y al final de sus vidas.

Adolf Hitler había dejado en claro desde 1939 cuáles eran sus intenciones con respecto al destino de los judíos en Europa. En un discurso ante el Reichstag, afirmó que “si los financieros judíos internacionales dentro y fuera de Europa logran sumergir a las naciones una vez más en una guerra mundial, entonces el resultado no será la bolchevización de la tierra y, por lo tanto, la victoria de los judíos, sino la aniquilación de la raza judía en Europa.

Ya en 1941 las matanzas eran sistemáticas: Se les fusilaba, ahorcaba, ahogaba o forzaba a trabajar hasta morir. Hombres y mujeres, niños y ancianos, todos eran inservibles para el futuro de la “raza superior” imaginada por el Führer. Después, a la lista se sumaron gitanos, homosexuales, enfermos mentales o con alguna discapacidad o debilidad física, personas “indeseables” para el nazismo y su idea de una “nueva sociedad”.

Pero los judíos se contaban por millones y Hitler se mostraba impaciente, pues los métodos utilizados no mostraban la rapidez que esperaba y en enero de hace 82 años, se implementó un elaborado plan para acelerar su exterminio. La eliminación de los judíos de Europa iba a ser el corolario de un plan meticuloso y adoptado con entusiasmo. Los judíos iban a desaparecer como parte integral de un programa industrial coherente. La Solución Final iba a ser un objetivo tan importante como ganar la guerra.

Surgió así la idea de utilizar el gas Zyklon B, que aceleró el proceso, pues tan solo en el campo de concentración en Auschwitz fueron asesinadas cuatro millones de personas y seis millones de judíos perecerían durante el Holocausto.

Por eso causan indignación los resultados de un estudio elaborado hace años por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que reveló que una parte de los mexicanos se mostraría tolerante al exterminio de población “indeseable”. La pregunta del estudio es sencilla: ¿Usted aprobaría que maten a gente considerada indeseable, o no aprobaría que la maten, pero lo entendería, o no lo aprobaría ni lo entendería?”, y un 40 por ciento de los mexicanos toleraría un exterminio.

Con los niveles de inseguridad que vivimos y en “pánico moral”, es fácil reaccionar en forma discriminatoria, pues tememos ser dañados en nuestra integridad física o patrimonial y preferimos la desaparición de otro grupo visto como amenaza.

Ayer se celebró el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, y parece increíble que el ambiente que se vive, sea terreno fértil, pues hartos de la violencia, nos volvemos hostiles y avalamos la “limpieza social”. Los ejemplos son pródigos en esto: “Parecía malo”, por eso lo mataron; “de seguro estaba metido, por eso lo desaparecieron”. 

Nos hemos deshumanizado y discriminamos entre “buenos” y “malos”, una simplificación que en otras etapas puede llevar a la persecución por credo, raza, color de piel y preferencias políticas.

Por eso, cuando conocí los resultados de la encuesta, recordé la frase que nos revela mucho al respecto: “Quizás la más grande y mejor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”… la dijo Adolf Hitler.

Compartir en: