jueves 1, enero, 2026

IN PRINCIPIO ERAT VERBUM

2026: Retos y oportunidades

“No importa cuán duro sea el pasado, siempre puedes comenzar de nuevo”.

Buda

Simón Vargas Aguilar

Esta es la primera publicación del año y me invaden la nostalgia y la preocupación, pero como es costumbre haré un breve recuento de los acontecimientos que nos marcaron este 2025.

Es cierto que las situaciones de seguridad, económicas, políticas, sociales, culturales y religiosas se han vuelto más complejas, sobre todo por el entorno internacional, pero también es indiscutible que las acciones de bondad, solidaridad y comprensión cada vez tienen una influencia mucho más poderosa en la humanidad.

Este año vimos la continuación de conflictos que nos continúan afectado; la guerra en Ucrania entró en su cuarto año, con intensos bombardeos y pérdidas irreparables; en Gaza, tras dos años de devastación, se logró un frágil alto al fuego que trajo algo de alivio, aunque la crisis humanitaria persiste. Eventos climáticos extremos nos golpearon con fuerza: incendios forestales arrasaron regiones en Estados Unidos, Europa y Asia, huracanes devastadores azotaron el Caribe y varias regiones de nuestro querido México y las olas de calor récord recordaron la urgencia de atender del cambio climático. Políticamente, las acciones de Donald Trump han sacudido el escenario internacional con nuevas acciones de seguridad, contra el narcoterrorismo, comerciales y migratorias principalmente en Venezuela, Colombia, Cuba y México.

Tristemente, otros conflictos escalaron, por ejemplo, India y Pakistán pelearon en mayo por Cachemira, con ataques aéreos y un cese al fuego precario; mientras que en Sudán, la guerra civil continuó causando hambrunas y desplazamientos masivos. En junio, Israel y EE. UU. atacaron instalaciones nucleares iraníes en una «Guerra de Doce Días», intensificando inestabilidades regionales.

Tecnológicamente, la carrera por la IA se aceleró, con inversiones récord y modelos chinos rivalizando con los estadounidenses, aunque generando preocupaciones por empleos y mecanismos de información. Además, levantamientos de la Generación Z en Asia, África y América Latina contra la corrupción y la desigualdad derrocaron líderes en Nepal y Madagascar, mostrando el poder juvenil.

La violencia contra las religiones, destacando la católica, se han convertido en un tema preocupante, sobre todo en países como Nigeria, Libia y Yemen, aunque México no queda exento de esta situación que ha ido en incremento.

Estos hechos pintan un panorama de un mundo fragmentado con divisiones y enfrentamientos políticos, guerras comerciales, conflictos armados y desigualdades que erosionan el tejido social. Es por ello que considero que en este contexto, la reflexión central debe girar en torno a la importancia de trabajar con amor al prójimo y cultivar la empatía. El Papa León XIV, en su encíclica inaugural, enfatizó: «La caridad no es un sentimiento efímero, sino una acción concreta hacia el vulnerable, que reconstruye comunidades rotas”.

Ante un mundo confrontado me cuestiono, ¿por qué a pesar de la brevedad de la vida continuamos inmersos en guerras que sólo acaban con nuestra armonía? Es probable que a muchos nos suceda que al finalizar el año y comenzar otro, hagamos un recuento de las experiencias e innegablemente la nostalgia y la preocupación se hacen presentes con mucha más fuerza.

Hoy considero que es necesario que nos replanteemos la manera en la que vemos la vida, que observemos nuestra realidad con autenticidad y sin enfrascarnos en prejuicios, pero sobre todo que desde el ámbito personal actuemos con mucho más amor al prójimo, convencidos de que si no levantamos la voz ante aquello que no consideramos justo, de alguna manera también somos parte de la injusticia.

En sociedades en crisis, la empatía fomenta resiliencia; debemos educar desde la infancia, promoviendo interacciones interculturales y servicio comunitario. En el ámbito laboral, trabajar con amor significa tratar a todos con respeto, reconociendo su dignidad.

Aunque los cambios pudieran ser considerados abruptos son necesarios ante una sociedad que requiere transformaciones radicales, es así que, deseo que este 2026 nos encuentre construyendo puentes, no barreras, recordando que, como humanos, nuestra mayor fuerza radica en la conexión genuina.

Muchas gracias querido lector, por dedicarle un poco de tu tiempo a mis comentarios.

¡Nos vemos en 2026! ¡Buen y bendecido año!

  • Consultor en temas de Seguridad, Inteligencia, Educación, Religión, Justicia, y Política.

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