Raúl Adalid Sainz
Eran los albores de los ochentas. Un café vespertino se llenaba, era la tertulia de charla, café, cigarrillos, y mesas que ocupaban la plaza de los coyotes en el corazón de Coyoacán. Era un café donde veías actores, intelectuales, escritores, gente de la bohemia en México.
No sé por qué azares del destino iba regularmente a tomar café ahí, con mi gran hermano Jorge Hernández. Estábamos muy chamacos, rondando los veintiuno, y nos gustaba ir a pasar la tarde ahí. Una fascinación por ser diferentes. Nuestra párvula provincial lagunera, se revestía de una ansia hacia la aventura capitalina, que nos hiciera conocer mundo. «Algo trascendental», decía mi cuate Jorge. Me gustaba esa atmósfera de gente que charlaba, que quería cambiar la vida o simplemente dialogarla.
Aparecía ahí por las tardes un viejito muy sonriente de boina negra, de traje, muy limpio, impecablemente vestido, y lo que más me llamaba la atención: su sonrisa en tranquilidad brillante de vida. Una vez estando yo sentado en una mesa del café, eché la cabeza atrás sonriendo, y estaba él a mi espalda. Me sonrió y me acarició la cabeza en gesto tierno. ¿Quién era ese viejito tipo español?
Al poco tiempo vi su fotografía en el periódico «Excélsior». Era el célebre director cinematográfico Alejandro Galindo, conocido como «Don Alex», en el ámbito de nuestro cine. El enigma estaba resuelto. La sincronía de acontecimientos hizo que viera la primer película de aquel sonriente y tierno viejito: «Campeón sin Corona».

Cómo me impresionó. Una realidad social urbana del mundo de escasos recursos económicos en la Ciudad de México. El mexicano de estrato bajo que encuentra el éxito de fama de vida y no sabe cómo enfrentarla. La vida del boxeador «Chango» Casanova, interpretada magistralmente por David Silva. Al poco tiempo apareció una película que me cautiva en reflexión de carcajada, «Ante el Cadáver de un Líder». Una sátira política y social, del gangsterismo sindical, muy bien estructurada en guion y dirección por «Don Alex» Galindo.
A partir de ahí, el cine de este director fue una ruta interesantísima para la reflexión del mundo que este inteligente y sensible cineasta me planteaba del México social. Combinaba el apunte crítico, un México de rumbo nuevo, el conservadurismo rígido que se derruía por la vida moderna («Una Familia de Tantas») hasta la reflexión histórica vista en la modernidad con «El Juicio de Martín Cortés».
El Méxicano desesperado por oportunidades de trabajo y que pasa el Río Bravo para encontrar el dolor del desarraigo en los Estados Unidos. Esto lo vemos en la gran película «Espaldas Mojadas». Gran trabajo actoral de David Silva (actor ícono de «Don Alex») de Oscar Pulido y una inolvidable interpretación de Eulalio González «Piporro», misma que le valió un premio Ariel.
«Esquina Bajan», es otro lienzo cinematográfico acerca de la conducta del trabajador medio mexicano en la urbe capitalina.
Es extensa la filmografía de Alejandro Galindo. Este escrito surgió porque ayer noche vi una película de él que no conocía: «Cuatro Contra el Mundo». Una interesante realización sustentada en un gran guion de Galindo y Gunter Gerszo. Me di el gusto visual, además, de ver a la bella Leticia Palma.
Así que al ver esa película, me acordé de aquel viejito de boina que llamaba mi atención en aquel café, desaparecido por desgracia, ese de las tardes de tertulia en el subyugante Coyoacán.
Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan