sábado 5, abril, 2025

AVISO DE CURVA

Rubén Olvera

Con la industria automotriz, no

Aclarando: si un virus devastador como el COVID-19 no logró desequilibrar a la industria automotriz —- y si lo hizo, esta se recuperó rápidamente —, las maniobras arancelarias de Donald Trump tampoco lo harán. Este sector ha demostrado una enorme capacidad de adaptación ante cambios en el mercado, la normativa y las crisis globales.

Valgan algunos ejemplos. Cuando los clientes pidieron autos eléctricos, los fabricantes inundaron las concesionarias con híbridos y vehículos a batería. En los momentos en que la legislación exigió mayor protección ambiental, llegaron los coches de cero emisiones. Y cuando surgieron las crisis o “cisnes negros”, la industria respondió con fusiones, relocalizaciones e innovaciones que aumentaron la eficiencia y la productividad de las grandes marcas automotrices.

En cualquier caso, los aranceles impuestos por Trump a los vehículos fabricados fuera de su territorio no representan un escenario más complejo que en 2020, cuando la pandemia congeló la economía.

En aquella ocasión, el sector automotor mexicano fue considerado esencial debido a su alto impacto económico y a sus vínculos con las cadenas de valor de otras actividades productivas. De hecho, algunas estimaciones muestran que solo en nómina esta industria derrama alrededor de 10 mil millones de pesos mensuales para más de un millón de trabajadores.

No sé mucho del tema, pero entiendo que reubicar una fábrica de vehículos, altamente tecnificada y estratégicamente localizada, lleva años. No es tan fácil acceder a mano de obra, proveedores, agua, energía, ferrocarril, carreteras, etc. Para entonces, la era Trump estará por terminar, y los aranceles automotrices, si aún siguen vigentes, podrán renegociarse.

Una buena razón es que, aun con el 25 % de aranceles, México sigue siendo competitivo gracias a la disponibilidad de mano de obra y a su menor costo en comparación con Estados Unidos. Debo aclarar que comparar a México con otros países por sus bajos salarios es desafortunado, pero, lamentablemente, así es.

Hay que añadir la disponibilidad de energía y agua, que también deben resultar más económicos en México. Así que moverse parece poco viable en el corto y mediano plazo. En pocas palabras, México es un socio clave de la cadena de suministros estadounidense.

Pero cuidado, porque Trump es, como se dice en México, un “loquillo”: fuera de sí y sin frenos. Si las recientes medidas arancelarias no consiguen que las multinacionales trasladen en poco tiempo sus operaciones a territorio estadounidense, tengamos por seguro que el magnate tramará nuevas amenazas, incluso más extravagantes, fiel a su estilo.

Finalmente, y para mantener la calma, considero que no se trata de reinventar la estructura productiva de nuestro país. Eso de diversificar o sustituir el mercado estadounidense no es inviable, si no es que imposible, en el corto ni mediano plazo.

Como dijo recientemente un miembro del Clúster Automotriz de Guanajuato: “México está casado con Estados Unidos; coquetear con el sector automotriz chino es como serle infiel a Trump”.

Así que, una disculpa, BYD, MG y Chirey… quizás sea para otra ocasión.

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